Conquistando "The Onion" y la Magia del Backcountry en Bow Hut (Parte 2)
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- 28 nov 2025
- 7 Min. de lectura
Por Ernesto Lozano Director y Fundador de Dare and Explore
¡Hola de nuevo, amigos y aventureros! Soy Ernesto Lozano. Si leíste la primera parte de esta serie de tres blogs, recordarás que los dejé en un momento crítico: exhaustos. El ascenso al Bow Hut no es ninguna broma, y llegar hasta ahí con el equipo a cuestas nos dejó, literalmente, sin energía.
Para los que apenas se suman a esta historia, déjenme ponerlos en contexto rápido. Soy un apasionado de las montañas desde hace más de 15 años, vivo aquí en las hermosas Rockies canadienses junto a mi esposa y mis 6 hijos (sí, seis, ¡nunca hay un momento aburrido en casa!). En Dare and Explore, nuestra empresa con base en Calgary, nos dedicamos a esto: a tomarte de la mano y llevarte a vivir lo que yo llamo "la verdadera experiencia canadiense", ya sea en una caminata tranquila por un lago turquesa o, como en esta historia, buscando la línea perfecta en la nieve virgen.
Hoy quiero platicarles sobre el Día 2 de nuestro viaje anual al Bow Hut. Un día que amaneció con el clima en nuestra contra, pero con el espíritu por las nubes.

El Despertar en las Alturas: Entre el Calor de la Leña y el Frío del Glaciar
Dormir en un refugio alpino (hut) es una experiencia sociológica interesante. Como les platiqué en el primer blog, el dormitorio del Bow Hut tiene capacidad para unas 30 personas, y esa noche estábamos casi al tope. Es una mezcla curiosa de intimidad forzada y respeto mutuo.
Cuando nos fuimos a dormir, la estufa de leña estaba a todo lo que daba. Al principio, sentía hasta calor; sin embargo, en la alta montaña, el aislamiento térmico es una batalla constante. Conforme la madrugada avanzaba y el fuego disminuía, el frío de los glaciares comenzó a filtrarse por las paredes. Me desperté, me acurruqué más profundo en mi sleeping bag y traté de ignorar el concierto de ronquidos y movimientos de los otros 25 montañistas.
A pesar del cansancio del día anterior y del ruido habitual de un refugio lleno, no logré dormir hasta tarde. Mi reloj biológico (y quizás la costumbre de despertar temprano para organizar a mis 6 hijos o preparar tours para clientes) me tuvo con los ojos abiertos a las 7:00 AM.
Me quedé un rato recostado, escuchando el viento aullar afuera. Ese sonido es inconfundible; te dice todo lo que necesitas saber sobre el día sin siquiera mirar por la ventana. Finalmente, el deseo de un café caliente fue más fuerte que la comodidad del saco de dormir. Me levanté sigilosamente, tratando de no despertar a Max y Zach, y fui a la zona común.
El Ritual del Café y la Planificación
Shawn no tardó en acompañarme. No hay nada como ese primer café de la mañana en medio de la nada, con una taza humeante entre las manos mientras observas a través del vidrio empañado cómo la nieve se acumula afuera.
—Ernesto, el clima no pinta nada bien —me dijo Shawn, mirando hacia la blancura infinita.
Tenía razón. El pronóstico para este segundo día era nublado, con temperaturas rondando los -18°C y nevada constante. Para un esquiador de resort, este podría ser un día para quedarse en el hotel bebiendo chocolate caliente. Pero en el backcountry, si las condiciones de seguridad lo permiten, estos son los días que te regalan la mejor nieve.
Después de nosotros llegaron otros tres grupos al refugio. Estábamos a máxima capacidad. El Bow Hut es estratégico porque funciona como la base para el famoso Wapta Traverse, una travesía legendaria de 4 a 5 días cruzando los campos de hielo y glaciares. Muchos de los que estaban ahí desayunando con nosotros empacaban sus mochilas para continuar esa larga travesía.
Nosotros, sin embargo, teníamos un plan diferente. Decidimos tomárnoslo con calma. Max y Zach se despertaron un poco más tarde, y entre risas y el aroma a desayuno de montaña, definimos nuestra meta: subir a "The Onion" (La Cebolla).

La Decisión Técnica: ¿Por qué "The Onion" y no el Glaciar?
Aquí es donde entra la experiencia y las certificaciones de las que siempre les hablo a mis clientes. Cuento con certificaciones como Avalanche Safety Training y Wilderness First Aid, y si algo he aprendido en estos 15 años, es que a la montaña se le respeta.
El Bow Hut está situado justo al borde de los glaciares. Es un terreno majestuoso, pero traicionero. Los glaciares tienen grietas (crevasses) que, en un día como este, con nevada fresca y poca visibilidad, pueden quedar cubiertas por puentes de nieve muy frágiles. A simple vista parece un campo blanco inofensivo, pero un paso en falso puede ser fatal.
Para entrar en ese terreno de manera segura, necesitábamos arneses, cuerdas y equipo de rescate en grietas, además de una visibilidad decente para navegar. En esta ocasión, viajábamos ligeros y no llevábamos el equipo de glaciares completo.
Por eso elegimos "The Onion". Es la montaña más cercana al refugio y su ruta de ascenso, aunque empinada y retadora, nos permitía evitar las zonas de grietas complejas del glaciar principal. A veces, la mejor aventura no es la más lejana, sino la que tomas con decisiones inteligentes.
Es muy similar a cuando los clientes me preguntan por una aventura extrema en Kicking Horse. Kicking Horse es famoso por su terreno vertical y agresivo, y siempre les digo: "Es increíble, pero requiere la preparación adecuada". Bueno, aquí en Bow Hut, la "preparación adecuada" significaba reconocer nuestros límites de equipo ese día y optar por una ruta segura pero espectacular. Así como sugerimos las mejores pistas para una aventura extrema en Kicking Horse, aquí sugerimos la prudencia técnica para disfrutar al máximo sin riesgos innecesarios.
Enfrentando el "Whiteout": El Ascenso a -20°C
Salimos del refugio un poco más tarde de lo habitual, aprovechando que nuestra ruta era relativamente corta. Al abrir la puerta, el frío nos golpeó la cara como una bofetada. Estábamos a -20°C, pero el factor viento (wind chill) hacía que la sensación térmica fuera mucho, mucho más baja.
El paisaje era un lienzo completamente blanco. La nieve caía con fuerza y se mezclaba con la neblina. En el argot de montaña, a esto le llamamos estar dentro de una "bola de ping-pong". No distingues dónde termina el suelo y dónde empieza el cielo.
Iniciamos el ascenso poniendo las "pieles" (skins) a nuestros esquís. El sonido rítmico de los esquís deslizándose sobre la nieve fresca era lo único que se escuchaba, aparte de nuestra propia respiración.
La visibilidad era reducida, lo que hacía el paisaje menos "panorámico" en el sentido turístico, pero increíblemente místico. No veíamos los picos lejanos, pero sentíamos la inmensidad de la montaña. El viento agudizaba el frío en cualquier pedazo de piel expuesta, recordándonos lo pequeños que somos ante la naturaleza.
Tres Metros de Profundidad
Llegamos a la cima de "The Onion" después de un par de horas de esfuerzo constante. A pesar del frío, el cuerpo entra en calor con el ascenso. Arriba, la curiosidad nos ganó.
—¿Cuánta nieve crees que tenemos abajo? —preguntó Zach.
Saqué mi probe (sonda), que es parte fundamental del equipo de seguridad que siempre llevamos para buscar a alguien en caso de avalancha. Es una varilla larga y plegable. La armé y la clavé en la nieve.
Un metro... dos metros... tres metros... y la sonda seguía bajando sin tocar fondo de roca.
—¡Más de tres metros! —grité para hacerme oír sobre el viento.
Nos miramos con esa sonrisa cómplice que solo los esquiadores entienden. Tres metros de base significan una cosa: seguridad para esquiar agresivo y una suavidad inigualable.

El Descenso: Navegando en las Nubes
Aquí viene la recompensa. Todo el sudor, el frío de la mañana, el cansancio del día anterior... todo desaparece en el momento en que quitas las pieles de los esquís, ajustas tus fijaciones y apuntas hacia abajo.
Iniciamos el descenso. Fue un verdadero deleite. Quiero que traten de imaginarlo: esquiar en nieve fresca, polvo champagne (como le decimos acá por lo ligera y seca que es), donde absolutamente nadie más ha esquiado antes que tú.
No hay pistas, no hay gente, no hay ruido de elevadores mecánicos. Eres tú formando tu propio camino. La sensación es de ingravidez, como si flotaras. A pesar de la poca visibilidad, la calidad de la nieve nos permitía confiar en nuestros movimientos. Cada giro levantaba una nube blanca que nos cubría por completo (los famosos face shots).
Es una experiencia indescriptible. Lo disfrutamos al máximo, gritando de alegría como niños, olvidándonos de que somos adultos con responsabilidades, hipotecas o negocios. En ese momento, solo éramos esquiadores en comunión con la montaña.
Evitamos cuidadosamente la zona de los glaciares basándonos en nuestra ruta de subida y regresamos sanos y salvos al refugio, con las piernas ardiendo pero el corazón lleno.

La Tarde en el Refugio en el backcountry: Convivencia y Planes de Regreso
Al entrar de nuevo al calor del Bow Hut, la sensación de logro era palpable. Nos quitamos las botas, pusimos a secar los guantes cerca de la estufa y nos preparamos para "la cena de campeones": comida deshidratada.
Puede sonar poco apetitoso si estás acostumbrado a restaurantes de lujo, pero créanme, después de esquiar a -20°C, un paquete de pasta o arroz deshidratado sabe a gloria. Es lo más común en el backcountry por su peso ligero y facilidad de preparación.
El resto de la tarde fue una convivencia genuina. Platicamos con los otros grupos. Había gente de todas partes, algunos nerviosos por su inicio del Wapta Traverse al día siguiente, otros relajados como nosotros. Intercambiamos historias, revisamos mapas y compartimos consejos sobre el estado de la nieve.
Esa noche, mientras el viento seguía soplando afuera, nosotros ya estábamos planeando el regreso a casa. Pero esa... esa es una historia que les platicaré en el tercer y último blog de esta serie. El regreso siempre tiene sus propios retos y sorpresas.
Reflexión Final: ¿Por qué lo hacemos?
Mucha gente me pregunta por qué, teniendo opciones tan cómodas, elegimos cargar mochilas pesadas y dormir en literas de madera en el Backcountry. La respuesta está en esos giros en la nieve virgen de "The Onion". Está en la desconexión total del mundo digital y la conexión profunda con tus amigos y contigo mismo.
En Dare and Explore, eso es lo que buscamos ofrecerte. No necesariamente tienes que ir al Bow Hut si no es lo tuyo; podemos diseñar un viaje a tu medida, explorando cascadas congeladas, haciendo senderismo en bosques secretos o esquiando en los mejores resorts como Lake Louise o Sunshine Village. Nos gusta cuidar todos los detalles para que tu viaje sea placentero, planeamos con cada cliente su viaje para que lo disfruten al máximo, ya sea en viajes de 4 o hasta 17 días.
Porque al final del día, ya sea una aventura extrema en Kicking Horse o una caminata familiar en Nakiska, lo importante es salir, atreverse y explorar.
Y tú, ¿qué aventura has tenido de esas que son inolvidables? ¿Te animarías a vivir una experiencia de backcountry con nosotros? Déjame tus comentarios, me encantará leerte.
¡Nos vemos en el próximo blog para el cierre de esta aventura!
Ernesto.




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