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One Last Ride – Nuestra Última Aventura de Bicicleta de Montaña

  • 10 nov 2025
  • 6 Min. de lectura

Porque cada pedaleo cuenta, y cada aventura deja huella.


El cambio de estación en las Rocosas

El otoño en las Rockies tiene algo mágico. Las hojas cambian de color, el aire se siente más fresco y cada salida al aire libre se vuelve una pequeña despedida del verano. En Dare and Explore siempre tratamos de alargar la temporada lo más posible. Cada día con temperaturas de dos dígitos —esos preciados +10 °C o más— es una oportunidad que no dejamos pasar.

Normalmente, para finales de octubre ya tenemos temperaturas bajo cero y alguna que otra nevada en la ciudad. Pero este año fue distinto. Octubre nos regaló varias semanas templadas, y con ellas nació la idea de una última aventura en bicicleta: “One Last Ride”.

Como cada año, quisimos cerrar la temporada con una ruta más larga, más exigente y, por supuesto, más épica. Esa salida que se convierte en tradición, la que recordamos durante todo el invierno mientras esperamos volver a los senderos.


La planificación: buscando una ruta épica

Una semana antes comenzamos a planear. Queríamos algo desafiante pero disfrutable, una combinación perfecta de subidas duras, bajadas técnicas y paisajes de montaña. Escogimos una ruta en Bragg Creek, de unos 20 km, con cerca de 790 m de desnivel acumulado.

El plan incluía dos ascensos —el segundo más fuerte que el primero— y dos descensos largos, el primero técnico y el segundo más fluido. Además, necesitábamos dos vehículos, ya que el punto de inicio y el final eran distintos. Todo estaba perfectamente calculado: mapas, rutas cargadas en los dispositivos y la motivación al máximo.

Durante la semana estuvimos atentos al pronóstico. El clima prometía una mañana fría, con 2 °C al iniciar y unos 9 °C al mediodía. Nada que unas buenas capas térmicas no pudieran resolver.

El grupo final quedó conformado por cuatro amigos que comparten la misma pasión por el outdoor y la aventura: Ignacio, Shawn, Lindsay y yo.

Ruta

El equipo: amigos de montaña

Cada uno tiene su historia, su ritmo y su fortaleza.

Ignacio, compañero de muchas aventuras, tanto esquiando como rodando. Su fuerte es la bicicleta de ruta —con él he hecho recorridos de más de 100 km, como el clásico Banff-Lake Louise—, pero también disfruta la montaña. Es fuerte en las subidas y cada año mejora en las bajadas.

Shawn es el más versátil del grupo. Escalador, ciclista, senderista y aventurero nato. Hemos compartido rutas de esquí de travesía, cross-country ski y varias expediciones de backcountry.

Lindsay, su esposa, siempre aporta buena energía. Hemos compartido senderos con las familias, y aunque su punto fuerte son las subidas, las bajadas las hace con una técnica impecable.

Y yo, Ernesto Lozano, fundador de Dare and Explore, amante del outdoor y de las montañas. Mi mayor pasión es compartir estas experiencias con amigos y clientes, mostrando la belleza de las Rocosas y recordando que cada aventura es también una lección.

El inicio: un amanecer helado en Bragg Creek

Nos reunimos en casa de Shawn temprano por la mañana. Montamos las bicicletas en el rack, revisamos el equipo, y partimos rumbo a Bragg Creek. El termómetro marcaba –6 °C, más frío de lo esperado.

En el trayecto envié un mensaje a Ignacio para avisarle que íbamos en camino. Llegamos al punto donde dejaríamos su vehículo, lo estacionamos, cargamos su bicicleta en el otro auto y seguimos hasta West Bragg Creek, nuestro punto de inicio.

El clima seguía igual: –5 °C y sin señales de mejora. Decidimos esperar unos minutos, pero el frío persistía. Así que nos pusimos un par de capas extra, ajustamos los cascos, revisamos presiones y… ¡a rodar!

La ruta comenzó con una subida técnica, empinada, de esas que te calientan los músculos en pocos minutos. A los dos kilómetros ya estábamos en ritmo, y las capas sobraban. Aun así, el aire helado se sentía en las manos y en la cara.

The Team.

El primer imprevisto

Al llegar a la primera cumbre, noté algo raro en mi bicicleta. La llanta trasera estaba baja, y pronto confirmé que tenía una ponchadura. Peor aún, no llevaba lo necesario para repararla.

La decisión fue rápida: bajar lo antes posible, tomar una desviación y esperarlos en el final de la ruta. Les dije que siguieran y que yo encontraría el camino más corto. Inflé la llanta, ajusté el casco y comencé la bajada.

El primer tramo era técnico, con piedras, curvas cerradas y cambios de desnivel. Después de un kilómetro, el terreno se suavizó. El sendero se volvió fluido, con peraltes bien marcados y curvas amplias. Era el tipo de bajada que te hace sonreír bajo el casco.

El accidente

Me detuve unos minutos para descansar y, mientras tomaba aire, vi a alguien descender a lo lejos. Era Shawn. Decidí esperarlo.

Segundos después escuché un ruido seco, el sonido de una bicicleta saliéndose del sendero, seguido por el golpe inconfundible de una caída. Grité su nombre y, sin pensarlo, dejé mi bici y corrí cuesta arriba.

Lo encontré unos metros abajo del sendero, junto con su bicicleta. Estaba de pie, visiblemente golpeado, con tierra en la cara y el hombro derecho. Hice una rápida evaluación: estaba consciente, orientado, pero adolorido. Poco después llegaron Lindsay e Ignacio.

Le sugerimos sentarse para recuperarse. El hombro se veía mal. No sabíamos si era fractura o dislocación, pero estaba claro que no podía seguir rodando.

Le preparamos un cabestrillo improvisado y le dimos un analgésico. Aun así, fiel a su carácter, Shawn insistía en continuar:

“Estoy listo para seguir”, dijo con una sonrisa terca.

Pero su cuerpo decía otra cosa.

Decidimos abortar la ruta y buscar el camino más corto de regreso. Ignacio se adelantó para ir por el vehículo mientras nosotros bajábamos caminando. A ratos, Shawn montaba la bicicleta para avanzar más rápido, pero el dolor era evidente.

El regreso: trabajo en equipo

Nos movimos despacio, cuidando cada paso y cada curva. El frío ya no era un problema; la adrenalina mantenía nuestros cuerpos activos.

Al llegar al punto donde había dejado mi bicicleta, todavía tenía algo de aire en la llanta, suficiente para continuar. Seguimos hasta terminar la primera bajada, donde revisamos el mapa y trazamos una ruta alternativa para evitar el segundo ascenso.

El trayecto de regreso tomó tiempo, pero lo importante era mantener a Shawn seguro y en movimiento. Finalmente nos encontramos con Ignacio en la carretera. Subimos las bicicletas, acomodamos el equipo y nos dirigimos a recoger el otro vehículo.

Durante el trayecto, Shawn —normalmente el más conversador— iba en silencio. Le pregunté cómo se sentía y me dijo que le dolía bastante. Sabíamos que iría directo al hospital.

Más tarde nos confirmó la noticia: nada roto, solo un desgarre en el hombro. Un gran alivio.

Reflexiones de una aventura que no salió como planeamos

One Last Ride” no terminó como esperábamos, pero sí como debía. Estas experiencias nos recuerdan que en la montaña todo puede cambiar en segundos, y que estar preparados marca la diferencia.

En Dare and Explore nos tomamos la seguridad muy en serio. Todos nuestros guías e instructores cuentan con certificaciones en Wilderness First Aid y Avalanche Safety Training, y siempre llevamos equipo de comunicación para zonas sin señal, mapas detallados con rutas alternativas y kits de primeros auxilios.

La montaña nos enseña humildad. A veces, por más planeada que esté la aventura, algo se sale de control. Y ahí es donde el espíritu de equipo y la preparación salen a flote.

Más que una rodada, una lección

Esa tarde, de regreso a casa, pensaba en todo lo que habíamos vivido: la emoción del inicio, el aire helado, el compañerismo, la caída, el regreso. Cada pedaleo fue una lección.

“One Last Ride” no fue solo nuestra última rodada del año, fue un recordatorio de por qué hacemos lo que hacemos: porque amar las montañas también significa respetarlas, cuidarlas y estar listos para lo inesperado.

Nos quedamos con la satisfacción de haber vivido una aventura más, de haber acompañado a un amigo y de haber cerrado la temporada con una historia que contar.

Y mientras guardábamos las bicicletas, con las manos todavía frías y el corazón lleno, todos pensamos lo mismo:

“El invierno está por llegar… pero ya estamos soñando con la próxima rodada.”


En Dare and Explore, vivimos para estos momentos. Nos apasiona compartir el amor por la naturaleza, las montañas y la aventura con quienes buscan algo más que un simple paseo.

Si tú también quieres descubrir la magia de las Rocosas, rodar entre bosques y montañas, y vivir experiencias auténticas, acompáñanos en nuestras próximas aventuras.

Porque las montañas siempre están ahí, esperándonos.Y nosotros, listos para seguir explorando.



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