Cómo vencer el miedo en un viaje a Canadá… ¡en medio de una pista de esquí con seis hijos y una sonrisa congelada!
- Dare and Explore admin@dareandexplore.com

- 9 jun 2025
- 5 Min. de lectura

Aventuras familiares, aprendizajes de vida y un inolvidable viaje a Canadá con Dare & Explore
Si alguien me hubiera dicho hace unos años que un día estaría esquiando en las montañas de Canadá, rodeada de seis hijos, disfrutando el frío, echando porras y bajando pistas como si fuera parte del equipo olímpico (versión mamá), la verdad… me hubiera reído muchísimo.Pero la vida da vueltas... ¡y también bajadas!
Hoy quiero contarte lo que aprendí viendo a mis hijas superar su miedo al esquiar por primera vez —una experiencia que me cambió como mamá, como mujer y como co-fundadora de Dare & Explore, nuestro proyecto de aventuras en familia que empezó en México y hoy recorre los paisajes espectaculares de Canadá.
Las primeras veces (esas que duelen)
Las primeras veces que fui a esquiar no fueron realmente para mí. Yo estaba ocupada en modo mamá: nivel intenso, con hijos chiquitos, uno en la panza (porque, claro, cuando llegamos a Canadá tenía cuatro y estaba embarazada del quinto), y cargando más termos que una tienda de campaña.
Mientras todos se deslizaban felices montaña abajo, yo estaba en la base con los más pequeños, abrochando cascos, limpiando narices congeladas, repartiendo snacks y escuchando quejas como “no siento los dedos” o “¿ya nos vamos?”
PERO, entre chocolate caliente y guantes perdidos, algo me fue picando por dentro: esa curiosidad de “¿y si yo también me animo?”
Así que, cuando finalmente pude subir con mis hijas mayores a una montaña de verdad, algo cambió. Ellas tenían entre 14 y 15 años y me enseñaban cómo hacerlo. Varias veces me di por vencida… pasé por todos mis hijos como instructores… y mis clases terminaron con las más chiquitas, que tendrían 5 y 6 años. Chiquitas, pero parecían atletas olímpicas en miniatura. Valientes, sueltas, riéndose mientras bajaban sin miedo. Y yo… con mis bastones temblorosos, los esquís cruzados, el corazón acelerado y una tonelada de miedos encima.
Los miedos aprendidos (esos que cargamos sin darnos cuenta)
Mientras ellas bajaban como si estuvieran en una película de aventuras, yo iba pensando:
¿Y si me caigo?
¿Y si me lastimo?
¿Y si no puedo frenar?
¿Y si quedo colgada en un pino como caricatura?
Sí, claro, me reía por fuera. Pero por dentro tenía un monólogo de drama.
Entonces me di cuenta: mis hijas no tenían esos miedos. ¿Por qué? Porque no los habían aprendido todavía. No habían vivido tantas caídas, ni se imaginaban tragedias, ni les preocupaba el "qué dirán". Ellas confiaban. Se aventaban. Disfrutaban. Y lo más bonito fue que, en lugar de reírse de mi torpeza, me cuidaban.
Una iba adelante, otra atrás, y me daban instrucciones como si fueran entrenadoras personales:
“¡Mamá, sigue mis huellas!”
“¡Dóblate como si fueras a sentarte!”
“¡Eso! ¡Muy bien, mamá!”
Y yo, con el corazón a mil y los esquís medio torcidos, las iba siguiendo. Aprendí más de ellas que en cualquier clase formal. Me enseñaron con paciencia, ternura y confianza.
El silencio blanco y otras maravillas de la nieve
Y fue ahí, en medio de ese proceso tan bonito, cuando empecé a notar lo que antes no veía.
Porque una cosa es ver fotos de montañas nevadas en Instagram, y otra es estar ahí, respirando ese aire frío que te despeja la mente, escuchando el sonido del silencio blanco.
Le llamo “el silencio blanco” porque es ese momento mágico cuando te detienes en la montaña, con los pinos cubiertos de nieve alrededor, los copos cayendo suavecito, y lo único que se escucha es el crujido de tus esquís y tu propia respiración.
Ahí, en ese silencio, entendí algo importante: los miedos no son el problema. El problema es no moverse por miedo.
¿Qué hacer cuando el miedo aparece ?
Mira, el miedo siempre va a estar. Pero aprendí (con caídas, claro) que podemos entrenar nuestra mente para convertir ese miedo en crecimiento. Aquí te dejo algunas estrategias para cuando estés arriba en la montaña... o en cualquier aventura que te rete como mamá, como papá, como persona:
1. Cambia la perspectiva
Cuando sientas miedo, pregúntate:¿Qué estoy aprendiendo con esto?Porque cada vez que te atreves, aunque sea poquito, estás entrenando una nueva habilidad. Estás enseñándole a tu cerebro que puede confiar en ti.
2. Rodéate de niños valientes (¡y sigue sus huellas!)
Los niños tienen una habilidad natural para vivir el momento. Y aunque no siempre hacen caso (¡obvio!), su manera de enfrentar el mundo sin complicaciones nos da lecciones diarias.
3. Háblate bien
No seas tu peor enemigo. No te digas cosas como “soy malísima”, “ya estoy grande para esto”. Mejor repítete:
“Estoy aprendiendo”
“Lo estoy intentando”
“Estoy orgullosa de mí por hacerlo aunque me dé miedo”
4. Enfócate en lo bonito
Hazlo intencional. Mira el paisaje. Escucha la nieve. Ríete de ti misma. Abraza la lentitud. No todo tiene que ser rápido o perfecto.
5. Pide ayuda, sin pena
¿Que no sabes frenar? Pregunta.¿Que te da pena ir lento? ¡Ve lento con estilo!En Dare & Explore siempre decimos: “La montaña es de todos. No importa si vas rápido o despacio, lo importante es que vayas.”
Aventuras familiares que transforman: nuestro viaje a Canadá con Dare & Explore
Esos días esquiando, observando a mis hijas y superando mis propios miedos, me hicieron pensar que las aventuras familiares no solo son memorias bonitas, también son herramientas de transformación.
Por eso nació (o mejor dicho, continuó en Canadá) Dare & Explore. Ya existía en México, pero fue aquí, entre la nieve y las montañas, donde le dimos un nuevo rumbo. Porque entendimos que las familias necesitan espacios para crecer, explorar, reír, equivocarse y encontrarse en medio de la naturaleza.
Un viaje a Canadá puede ser el comienzo de todo eso. Banff, Jasper, Kananaskis, Yoho, Lake Louise… no necesitas ser experto ni tener el equipo más caro. Solo necesitas ganas, amigos, algo de ropa térmica decente y una mente dispuesta a aprender.
Te invito: ven con nosotros a una aventura inolvidable
En Dare & Explore organizamos viajes a Canadá, aventuras familiares, hikes con niños, campamentos en las montañas, clases para principiantes (como yo lo fui), y experiencias que te transforman por dentro y por fuera.
Queremos que tú y tus hijos vivan lo que nosotros hemos vivido:
crecer juntos,
aprender juntos,
reírse juntos,
y de vez en cuando, caerse en la nieve juntos.
Porque no se trata solo de viajar. Se trata de explorar, de atreverte, de vivir al 100% cada experiencia.Y sobre todo… de darte cuenta que tú también puedes hacerlo.
¿Te animas?
Así que, si tienes miedo, si crees que esto no es para ti, si dices “yo no soy aventurera”… solo quiero decirte esto:
¡Sí puedes!Y si te caes, aquí estamos para ayudarte a levantarte. Con chocolate caliente, risas y muy buenas porras.
Te esperamos en la montaña. 🏔🎿❄
¿Te gustaría recibir ideas para salir en familia, información sobre nuestros campamentos o tips para empezar tus propias aventuras en Canadá?📩 Síguenos en Instagram y Facebook, checa nuestra página web y mándanos un mensaje.




Comentarios